UN BEBE Y UN RABANO

Estaba plantando semillas de rábano, y en un instante visualicé todo el proceso del crecimiento de esas semillas. Vi surgir las primerasn hojas; iban creiendo y la tierra a su alrededor empezaba a elevarse ligeramente; después aparecía el primer color rojizo sobre la superficie; el rábano iba creciendo, hasta que llegaba el momento de cosecharlo, o de dejar que se espigase y se secase. El proceso de su evolución era totalmente previsible.

Fui consciente de que el futuro de esa semilla de rábano estaba predestinado. Con mis cuidados podía conseguir que fuese más grande o más tempranero, pero en todo caso seguiría siendo un rábano.

Pensé entonces ¿si un bebé humano sería como la semilla del rábano? ¿Por mucho que lo cuidara, sería de una manera predeterminada? Pensé en Goethe que escribió que en el momento de nacer, las estrellas ya nos predeterminan como somos y como seremos.

Yo creo que no es así, creo que podemos dirigir en gran manera nuestro futuro y que ésta es precissmente uno de los dones que tenemos para darnos cuenta de que somos algo más que un ser meramente vivo.

Enric Aulí M.

 

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