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May 27 2016

NATURALEZA, CAPITALISMO, DEMOCRACIA

taga¿De qué sirve una casa si no se cuenta con un planeta donde ubicarla?  Henry David Thoreau

Desde  casa contemplaba la cara norte de la Serra de Montgrony y los prados de altura cercanos. Es un lugar sin presencia humana en el que incluso persiste un bosque de abetos de la última glaciación. Un sitio perfecto para una  casa, pero…¿Y los problemas que está teniendo nuestro planeta? ¿Podrá continuar aquí nuestro hogar? Giré la cabeza hacia el este y observé la luna llena, estaba justo donde acaba este paraíso que es el Valle del Rigard. Mi mente pasó de la cabaña de Thoreau en Walden a la habitación parisina desde la que Chateaubriand percibió, al ver la luna, como acababa el viejo mundo de la aristocracia y la monarquía y empezaba uno nuevo. Para mí es evidente que el viejo mundo basado en la pareja Capitalismo-Democracia se acaba, pero ¿cómo será el nuevo mundo por venir?

Standing  home I saw the mountain of Montgrony and the prairies. It is a place without human presence, with woods coming from the last glatiation. A perfect place for our hause;  but what happens with the problems of our planet? Would it be possible for us to stay here? My head turn left to the place where Rigard Valley ends. My mind change from Thoreau versus Chateaubriand, when , seeing the moon, the last one realized that the ancient world of maonarchie and aristocratie was at his end, and that a new world just started. I think is evident that the world of Caplitalism and democratie has already reached his end. But how will be the new world?

 

Periódicamente vuelvo a Thoreau, mi querido trascendalista americano. De hecho la cabaña en que vivimos me recuerda la que él tenía junto al lago Walden. Gemma y yo vivimos en medio del bosque, y éste, sin darte cuenta te posee; llegas a ser un elemento vivo más que forma parte de él, que fluye con él.tartera

Junto a esa plenitud contemplativa percibo un ruido de fondo. Es el crujir del  viejo modelo de capitalismo y democracia que Fukuyama (reinterpretando a Hegel) calificó  como el Fin de la Historia, como el sistema perfecto que duraría para siempre. Una aplaudida idea pero un gravísimo error. Nos autoengañamos con la Sostenibilidad, un concepto que lo que quiere es que perviva el modelo actual. De seguir así, no tendremos un planeta tolerable en el que construir nuestra casa.

cedro gea
Giro mi  cabeza hacia el sudeste, paso de la sierra de Montgrony al tramo final del Valle del Rigard, un territorio que hace novecientos años fue la frontera entre el Reino de Mallorca y Catalunya. Allí la luna llena ilumina todo el espacio. Esta visión hace que vuelva a mi mente hacia el aristócrata normando Chateaubriand, que el último párrafo de Memorias de Ultratumba escribe: “mi ventana que da a Poniente sobre los jardines de las Misiones extrajeras, está abierta, son las seis de la mañana, veo la luna pálida y dilatada descender sobre la flecha de Les Invalides, iluminada por el primer rayo de sol; se diría que acaba el antiguo mundo y que empieza el nuevo” Chateaubriand, que era profundamente  monárquico, se refería al final del mundo de las  monarquías y las aristocracias, un mundo  que  desaparecía por el imbornal del tiempo. Esa luna del valle del Rigard me dice que la sociedad del matrimonio de Capitalismo y democracia también está llegando a su fin. No estoy seguro de cómo será el nuevo mundo, pero quiero vivirlo, a poder ser junto a ustedes  y por ello  les recomiendo lean las reflexiones de Rifkin, Macdonough, Sanders… y muchos otros. Y ¿por qué no? de mi libro Carta a un joven ecologista

Enric Aulí

1 comentario

  1. Xavier Perarnau

    Capitalismo y Democracia no son pareja, en radicalidad no pueden serlo. El primero, para subsistir, socava los fundamentos de la segunda, manipula sus procederes, fagotiza sus bondades. Dejando aparte el debate sobre si lo que tenemos es una verdadera democracia o una devaluación de sus contenidos, una falsificación de sus principios, una grotesca y vacía máscara, es evidente que por la misma razón de fundamento, el Capitalismo no puede nunca rimar bien con Naturaleza. La pervivencia del maldito sistema económico requiere ciertamente de un sistema político subsumido y sumiso, un apéndice que instrumentaliza exclusivamente en favor de su beneficio, pero también y sobretodo de una canibalización de la Naturaleza.
    No, no caben eufemismos. “Desarrollo sostenible”, “Capitalismo verde”… son pésimos juegos de palabras, verdaderos oxímorones, escusas que maquillan la piel para poder dejar el esqueleto intacto…. por un tiempo. Porqué a este paso, en ésta dirección, llegará un momento en el que ciertamente no habrá donde ubicar la casa de Thoureau ni la nuestra. El mundo está urgentemente necesitado de verdadera sensatez, no de simulacros; de lucidez y valentía, no de engaños y cobardía. Ya yo caben eufemismos, puesto que su hipocresía adormece las conciencias, enmascara el problema, entorpece su afrontamiento, complica aún más su resolución.
    Afortunadamente hay cada vez más conciencias despiertas, más conocimiento sutil, más almas no desorientadas. Cada vez contamos con más voces que claman por una nueva manera de aprehender la realidad, que no deja de ser un regreso a un sentir y un ser que nunca debimos haber abandonado. Me permito hacer aquí mención de una novedad editorial, el último libro de Jordi Pigem: “Inteligencia Vital” (http://editorialkairos.com/catalogo/inteligencia-vital). Todos los libros de Jordi apuestan abiertamente por una visión posmaterialista, y éste en particular da un importante paso adelante en dicho trayecto. No me corresponde a mí, y menos aquí, hacer la glosa de esta obra de fácil y a la vez honda lectura, pero sí que quiero recomendarla con enfasis, puesto que es un magnífico ejemplo de este otro modo de estar en el mundo, de conocer y actuar, que sabemos que necesitamos. No en vano el libro finaliza con la siguiente frase: “ElLa vida no es un medio, es su propia finalidad, como todo lo que tiene valor último”.
    Así que, por favor, un poco más de poesía y un mucho menos de capitalismo. Que distinto seria todo si mayoritariamente hiciéramos nuestro aquel bello verso de la inspiradísima pluma de Alberto Caeiro (uno de los mejores entre los muchos heterónimos de Fernando Pessoa, apellido que significativamente en portugués quiere decir “persona”) que decía que a veces “oigo pasar el viento, y me parece que sólo para oír pasar el viento vale la pena haber nacido”.

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