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Nov 26 2018

FUJI YAMA

Desde pequeño he sentido fascinación por las montañas de forma triangular terminadas en un afilado pico.

Mi primera cumbre-pico fue la del Kilimanjaro visto en un cromo de una colección de una marca de chocolates; yo tenía unos seis años y estaba en Zaragoza. Después vino el Turó de l’Home del macizo del Montseny, una montaña que he visitado cientos de veces. Más tarde siguió el Taga cercano a mi actual casa de can Gasparó en los Pirineos. Finalmente, hasta ahora, el Fuji Yama japonés.

fujiyama

Hace poco viajé a Japón y busqué un hotel cerca del Fuji, pedí habitación en el último piso con un ventanal orientado hacia la montaña. Estuve allí tres días y el Fuji siempre se ocultaba tras un mar de nubes y de niebla, sabía que estaba allí, notaba su presencia pero no lo veía. Finalmente la mañana del último día apareció, majestuoso y energético. Su cima presentaba un cucurucho de nubes que adoptaba la forma en pico de su cima; era como un sombrero blanco calado en la parte superior de la cabeza.

Tuve una satisfacción enorme. Fue un momento mágico en el que todas las cumbres de mi vida se conectaron al mismo tiempo en mi alma. La sensación fue tan intensa que ya estoy pensando en el próximo pico
Enric Aulí M.

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