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Oct 02 2015

EL CASTILLO DE NEUSCHWANSTEIN


Castillo de Neuschwanstein

Cuando hablo de la naturaleza no me refiero tan sólo a una naturaleza exenta de la presencia humana, como si ésta prostituyese el lugar. De hecho puede existir una interacción entre ambos factores que enriquezca el conjunto. He visto muchos edificios interesantes, que imitan o recrean la naturaleza, pero aquellos que encuentro más interesantes son los que corresponden a una plasmación de la espiritualidad de su creador, una espiritualidad que ha sido influida por su retroalimentación con el lugar. Utilizo el término retroalimentación porque ambas partes han resultado mejoradas gracias a su relación.

Uno de esos edificios en que su constructor plasmó su espiritualidad recreando diversos entornos de naturaleza es  el castillo de Neuschwanstein  edificado por el rey de Baviera Ludwig II. En él se reflejan dos aspectos de la espiritualidad del monarca.

Más que un castillo es un palacio construido a partir de 1866 siguiendo cierto patrón medieval. Había visitado esta construcción hace bastantes años; algo me había impresionado aunque no sabía bien que era. Por eso he vuelto y ahora sé que es lo que había sentido. Neuschwanstein es la materialización en piedra del doble pensamiento y espíritu del atormentado Ludwig II.

En primer lugar, el castillo es una reinterpretación de la Seele (alma) alemana basada en las antiguas leyendas germánicas de los bosques centroeuropeos. De entrada, el edificio está rodeado de esos preciosos bosques, bastante bien conservados. Además Ludwig reprodujo en  las salas del edificio, los escenarios  de las óperas de Wagner basadas en dichas leyendas. Salones, muebles y detalles hacen referencia a Tristán e Isolda, a  Lohengrin (el propio monarca se identificaba con Lohengrin) a Tannhauser… En el palacio destaca un pasillo que es la reproducción de una gruta entre rocas que aparece en Tannhauser; un espacio decorado con un gran avance tecnológico para la época, luces de colores que le dan un aspecto aún más onírico; me di cuenta que esta cueva era la parte que más me había impresionado en ya mi lejana visita.

Wagner era un protegido de Luwig II y disponía de  habitación propia en el castillo; en él  aún se conserva uno de sus pianos. Estas leyendas germánicas, hechas ópera por el nacionalista Wagner, fueron los pilares, junto con el idioma alemán, sobre los que se asentó la creación de la nació alemana, que precisamente en esta época se consolidaba como estado.

La segunda reinterpretación espiritual es la del Sacroimperio románico-germánico. El rey bávaro era muy religioso;  Ludwig fue posterior a la Ilustración pero volvió atrás en el tiempo y retornó a la Iglesia alguna de las propiedades que le había arrebatado su antecesor en el trono. Ese espíritu imperial basado en el equilibrio compartido entre Nobleza e Iglesia (cuya capital se hallaba en la cercana Núremberg) se plasma especialmente en la gran sala del trono. En ella, entre los oros y demás fastos propios de la nobleza , se hallan el arcángel Miguel matando el dragón del mal, y las figuras de seis reyes anteriores canonizados por la Iglesia.

Foto del Bosque de Baviera

Ludwig II fue depuesto del trono en 1986 a causa de su aparente locura y por haber arruinado el trono bávaro. Precisamente un año antes había anunciado que deseaba construir un nuevo castillo aún más grande y lujoso que Neuschwanstein. Seguramente ésta fue la gota que colmó el vaso. Murió (supuestamente asesinado) al día siguiente de ser derrocado. Paradójicamente los centenares de miles de visitantes del castillo-palacio aportan cada año grandes cantidades de dinero a Baviera. Quizás el espíritu loco de ese rey se ría de  alguna manera, como en una buena ópera trágica.

Enric Aulí


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