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Nov 09 2015

DOS ESTATUAS “DOLIENTES”

Virgen doliente medina del campoEs muy posible que usted haya sentido algo especial delante de una estatua de un museo, Al estar frente a ella y de manera inesperada, ha sentido que estaba  estableciendo una conexión espiritual con la obra, que ésta le decía “algo”. Es una sensación desconcertante; casi siempre agradable, pero también puede ser terrorífica. Gemma ha tenido dos experiencias muy intensas, en ambos casos delante de dos estatuas que representaban  a dos mujeres “dolientes”, es decir que representaban la imagen del dolor.

La primera fue en un convento en Medina del Campo (Valladolid). Entramos en el edificio y nos enseñaron el museo que tenían en un pequeño semisótano. Había allí pinturas, esculturas, objetos religiosos… Una de esas esculturas era una virgen “doliente”. Gemma me pidió que esperáramos y que retrocediéramos hasta volver delante de la estatua y me dijo: “Esta madre me ha emocionado, es como si hablara, ha sufrido mucho, pide consuelo”. Gemma se estremeció, sólo podía sentir, compartir.

La segunda fue en Florencia, en la iglesia de la Santa Croce. En este caso, la estatua no estaba en un lugar destacado sino que se encontraba en una sala almacén rodeada de muchas otras obras de arte. Representaba a una joven que yacía muerta pero trasmitía una sensación de paz que fue la que conectó con Gemma y la hizo sentir. Curiosamente fue en Florencia donde Stendahl sufrió su famoso síndrome de desvanecimiento delante de tanta belleza.

¿Por qué una obra de arte es capaz de provocar una conexión de esta intensidad? Creo que porque el Arte sigue las mismas reglas de creación que la Naturaleza, y que ésta conecta con nuestra Espiritualidad; por lo tanto también el Arte puede hacerlo. Ver “Arte, Naturaleza, EspiritualidadFoto de una virgen doliente

Existen muchas definiciones de arte; personalmente lo defino como la plasmación de la sensibilidad, de la espiritualidad del artista en un soporte perceptible por los sentidos del que contempla, escucha, toca la obra. A través de ese soporte, el artista y el espectador de comunican de alguna manera, comparten la recreación de alguna forma de espiritualidad. Creo que esto es válido para la música y la pintura, pero especialmente para la escultura, quizás porque su corporeidad grabe sentimientos y emociones, igual que un CD graba sonidos.

Esto le pasó a Gemma, así que la próxima vez que sientan algo especial delante de una obra de arte, deténganse… Y abran las puertas de su percepción, todo aparecerá tal como es: infinito

Enric Aulí y Gemma Muñoz

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